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COMO PROTEGER TU CASA CON JESUCRISTO

lunes, 23 de febrero de 2009

EL SERMÓN DEL MONTE - CAPITULO VI (INTERPRETACION)

Nadie puede servir a dos señores; pues, o bien aborreciendo al uno amará al otro, o bien adhiriéndose al uno menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?
Mirad como las aves del cielo no siembran, ni siegan ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas?
¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo?
Y del vestido ¿por qué preocuparos? Apren­ded de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan.
Pues yo os digo, que ni Salomón en toda su gloria vistió como uno de ellos.
Pues si la hierba del campo que hoy es, y mañana es arrojada al homo. Dios la viste así, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vesti­remos?
Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.
Buscad, pues primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura.
(Mateo VI, 25-34)


Muchos cristianos aceptan estos hechos en teoría, pero se manifiestan indiferentes cuando es cuestión de ponerlos en práctica, y esta vacilación los mete siempre en un sinnúmero de dificultades, nacidas de su flaqueza e inconsecuencia. En general, los materia­listas son más felices, porque por lo menos viven según sus conocimientos y se conforman con lo que comprenden. Tratar de apoyarse en un principio ahora y en otro luego es servir a dos señores, y esto es imposible. No podéis servir a Dios y a las riquezas.
El hombre es esencialmente espiritual, y ha sido creado a la imagen y semejanza de Dios. En conse­cuencia, está hecho para vivir felizmente en el plano espiritual, y no puede realmente tener éxito en nin­gún otro. Las aves del cielo y los lirios del campo le ofrecen al hombre una sorprendente lección por su completa adaptación a las leyes de sus planos res­pectivos. Expresan verdaderamente su propia y auténtica naturaleza, van a través de la vida siendo a la perfección ellos mismos; y no conocen nada que se le parezca a la inquietud y la ansiedad que destru­yen tantas vidas humanas. Los lirios de los que aquí se habla son las magníficas amapolas silvestres del Oriente, y quienquiera que haya visto un campo de estas flores meciéndose y balanceándose a la brisa, apreciará el sentido de reposo y libertad de espíritu, y gozo que según Jesús pertenece a la humanidad por derecho de nacimiento.
Por supuesto. Él no quiere decir que los seres hu­manos, que están en un plano biológico infinitamen­te más elevado, deban imitar al pie de la letra las vidas o los métodos de los pájaros o de las flores. La lección que tenemos que aprender es que nosotros debemos adaptamos a nuestro propio elemento, de la misma manera que ellos lo hacen con el suyo. Y nuestro verdadero elemento, es la Presencia de Dios.
San Agustín dijo: "Tú nos has creado para ti mis­mo, y nuestros corazones están inquietos hasta que no reposan en ti" Cuando el hombre llegue a aceptar que la Verdad se encuentra en Dios tan completa e indudablemente como las flores y los pájaros aceptan la verdad de su propia condición, demostrará en sí la abundancia y la armonía divinas tan perfectamente como lo hacen estas otras criaturas de Dios.
Si alguien fuere lo bastante necio para interpretar estos símiles de forma literal en vez de espiritual­mente, y se acostase en un campo de amapolas espe­rando a que Dios hiciese un milagro dramático en su favor, muy pronto se daría cuenta de que ése no es el camino. Poseyendo facultades infinitamente superio­res a las de los animales y las plantas, el hombre imi­tará en verdad su sabiduría y su gloria siendo activo en su propia esfera, la de la oración y meditación. La Base Espiritual no es un sinónimo de laissez faire; significa actividad intensa, pero en el plano espiri­tual, que es bien distinto del material. Ésta es la única forma por medio de la cual uno puede buscar el Reino de los Cielos; después de lo cual todas las cosas necesarias vendrán como una consecuencia.
Si nos sentimos muy desanimados y desconcerta­dos, ha llegado el momento de echamos mentalmen­te entre las amapolas, leer la Biblia y orar con sere­nidad, pero con perseverancia, hasta que algo suceda, o bien dentro o bien fuera de nosotros. Y esto no es laissez faire porque la oración es acción. Una vez, en Londres, conocí a una señora cuyos asuntos se enre­daron tan desesperadamente que parecía destinada inexorablemente a la más completa ruina. La animé a que abandonase mentalmente toda su carga y, sin temor a las consecuencias inmediatas, pasase dos o tres días buscando en la Biblia una inspiración y pidiendo en oración la paz y la felicidad. Al cabo de una semana, sin que hubiese realizado acción mate­rial alguna, todo quedó aclarado como por arte de magia.
La manera normal de ganarse la vida es tener una profesión o desempeñar una ocupación que resulte útil y agradable. Se trata de hacer conscientemente la tarea y recibir a cambio una remuneración satisfacto­ria. La Oración Científica colocará a cada uno en tal posición, si no la tiene aún, y entonces, si ora cada día como conviene, dándose cuenta de la verdadera situación y pidiendo la oportunidad de servir, cual­quiera que sea su actual posición irá mejorando a medida que pasa el tiempo. Pero tendrá que orar dia­riamente como conviene. No es necesario trabajar o ejercer una profesión fuera de casa. La mujer que lleva a cabo sus deberes en el hogar es un miembro de la comunidad tan útil como cualquier otro; y muchas personas que no tienen necesidad de preocu­parse por el dinero debido a sus ingresos personales, prestan grandes servicios a la humanidad cultivando las artes o la literatura y fomentando las investiga­ciones científicas. Lo cierto es que nadie cuya vida repose en la Base Espiritual vivirá inactivamente, por grande que sea su riqueza.
De vez en cuando se oyen casos de ciertas perso­nas que se creen tan espirituales que no necesitan ganarse la vida. Otra persona —algún pariente o un amigo— que trabaja, porque no es demasiado espiri­tual, suele mantenerlos en la ociosidad. Pero esa acti­tud mental habla por sí misma. Si la comprensión que una persona tiene de la metafísica resulta suficiente para permitirle pasar sin el trabajo ordinario, se encontrará automáticamente provista de lo necesario, permaneciendo independiente y digna de respeto. Y esto no puede en manera alguna aplicarse a los deu­dores o a los que viven a costa de otros. Si queremos experimentar apoyándonos en el poder de la Palabra, bien; pero estemos seguros de hacerlo con una since­ridad absoluta. El único modo de llevar a cabo este experimento de manera genuina es dejar que sea una demostración de fe. De lo contrario, tendremos que atenemos a consecuencias extremas. Si contamos secretamente con alguien que puede ayudamos, no estaremos confiando en la Palabra Divina. Todo adepto de la Ciencia Espiritual puede esperar una prosperidad razonable que le permita vivir conforta­blemente y con seguridad. Mientras tanto no poda­mos probar esa Verdad sólo por el poder de la Pala­bra Divina, debemos continuar practicando el trata­miento espiritual que nos llevará a alcanzar una posición adecuada en la que desenvolvemos con éxito.
Jesús nos dice en este pasaje que todos nuestros esfuerzos de voluntad serán insuficientes para aumen­tar un codo a nuestra estatura. Ésta es otra manera de expresar la verdad que Él presenta de tantos modos diferentes, esto es, que debemos volver a nacer espi­ritualmente. En tanto permanezcamos como estamos, no podremos, pese a todo esfuerzo, lograr cambio alguno, ni en nosotros mismos, ni fuera de nosotros. Siempre hacemos lo que somos. Nuestra vida exte­rior se corresponde siempre con la interior. No podremos lograr ningún progreso si no nacemos de nuevo, esto es, si no llevamos a efecto una toma de conciencia de la Presencia de Dios.

El Sermón Del Monte - La Llave para Triunfar en la Vida.
Por: Emmet Fox
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Recopilado por:
alimentoparalamente@gmail.com

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